De la tacañería de Rockefeller a las reuniones cortas de Ford

Publicado el: 28/02/2017 09:29:56

En la primera entrevista televisiva del joven Daniel Radcliffe, el actor de Harry Potter se encontró con otro invitado en el backstage. Éste se acercó al niño de 11 años y le preguntó cómo estaba. Radcliffe balbuceó: "Nervioso, no sé qué voy a contar en el programa". Su interlocutor respondió: "Pues di que has conocido a Donald Trump". Hoy el magnate es presidente de EEUU y Radcliffe colgó la capa de mago hace tiempo, pero la suya es una de las muchas historias que recoge El pequeño libro de las grandes anécdotas (Ed. Alienta) de Gregorio Doval.

Acontecimientos empresariales, frases para recordar, otras para olvidar... Aquí van algunas anécdotas de las marcas y de los empresarios más importantes de la Historia.

La tacañería de Rockefeller. Una vez el maître de un restaurante le dijo: "Si yo fuese millonario como usted no ahorraría en propinas". "Le agradezco la información -respondió el magnate-, pero si yo no ahorrara en eso y en otras muchas cosas, no sería millonario".

El paseo del millón de dólares de John P. Morgan. El empresario Charles Flint le pidió un préstamo a John P. Morgan, quien le invitó a dar un paseo por Wall Street. Tras una hora Flint preguntó por su millón de dólares. "No creo que tenga ningún problema para obtenerlo ahora que nos han visto juntos".

Así nacieron nombres como Mercedes o Intel. En 1901 el empresario Emil Jellinek encargó a Daimler un coche que superase los 40 kilómetros/hora (una barbaridad en aquella época). Cuando el vehículo encargado empezó a hacerse famoso en la Costa Azul, alguien le preguntó por el nombre del coche. Jellinek no supo qué decir y, para ganar tiempo, llamó a su hija para que le ayudara a bautizarlo. "Mercedes", vociferó. El resto de la historia es de sobra conocida. En el caso de Intel, sus fundadores Gordon Moore y Robert Noyce eligieron ese nombre para su empresa, pero al registrarlo descubrieron que era la denominación de una cadena de hoteles. Tanto les interesaba el nombre a los dos empresarios que no dudaron en buscar al propietario del grupo y hacerle una oferta por los derechos del nombre. Debió de ser buena porque Intel sigue siendo sinónimo de productos informáticos.

Las reuniones de Henry Ford. Al creador de Ford no le gustaba perder el tiempo y tenía un truco para gestionarlo: se reunía siempre en la oficina de los demás porque pensaba que era más fácil abandonar el despacho de alguien que conseguir que esa misma persona se fuera del suyo.

Corazones rotos: Toyota rechazó a Honda. La firma Toyota decidió no contratar como ingeniero al joven Soichiro Honda porque no lo creyeron capaz para dicho puesto. Él no perdió la afición por los motores, se lanzó a fundar su propia firma y ya no tuvo que trabajar para otros... La historia de Enzo Ferrari y Ferruccio Lamborghini también da para un libro. El segundo, dedicado a la fabricación de tractores, compró un Ferrari que le empezó a dar problemas y consiguió reunirse con el mismísimo Enzo. Dicen que en la conversación sonaron palabras como basura, tractor y sentencia: Lamborghini juró fabricar un coche mejor que Ferrari. Juzgue usted mismo si lo consiguió.

Fuente: Expansión | Gestion.pe

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